Europa disuadió a Trump de intentar adquirir Groenlandia

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El reciente enfrentamiento sobre Groenlandia, iniciado por el interés expresado por el expresidente estadounidense Donald Trump en adquirir el territorio, parece haber disminuido gracias a una respuesta firme, aunque en gran medida tácita, de los líderes europeos. Si bien Trump inicialmente intensificó su retórica con amenazas de aranceles e incluso insinuó la disolución de la OTAN si no se cumplían sus demandas, finalmente dio marcha atrás después de las discusiones en el Foro Económico Mundial en Davos. Este resultado no fue accidental; fue el resultado directo de que Europa indicara su voluntad de tomar represalias, disuadiendo efectivamente nuevas agresiones.

La lógica de la disuasión

La situación pone de relieve un principio fundamental de las relaciones internacionales conocido como teoría de la disuasión. Este concepto, nacido de la era nuclear y la Guerra Fría, se basa en la idea de que se puede disuadir a los agresores potenciales haciendo que el costo de la acción sea inaceptablemente alto. Como explicó Henry Farrell, profesor de la Universidad Johns Hopkins, esto no requiere necesariamente amenazas abiertas; A menudo es suficiente simplemente convencer a un adversario de que la escalada conducirá a consecuencias indeseables.

El ejemplo histórico de las tropas estadounidenses estacionadas en Berlín Occidental durante la Guerra Fría ilustra brutalmente este principio. Si bien esos soldados no podían defender la ciudad de manera eficaz, su presencia creaba un riesgo calculado: un ataque a Berlín provocaría bajas que ningún presidente de Estados Unidos aceptaría voluntariamente, lo que podría escalar a un conflicto nuclear.

La respuesta sutil pero eficaz de Europa

En el caso de Groenlandia, Europa no necesitaba desplegar armas nucleares ni siquiera emitir ultimátums explícitos. En cambio, ocho naciones europeas llevaron a cabo ejercicios militares a pequeña escala en la isla, estableciendo efectivamente un “cable trampa”. Esto significaba que cualquier invasión estadounidense desencadenaría inmediatamente una respuesta de múltiples aliados de la OTAN, lo que aumentaría las apuestas para Trump.

Para reforzar aún más este elemento de disuasión estaba el instrumento anticoerción de la Unión Europea, un mecanismo legal vagamente definido que permite a la UE tomar represalias contra la presión económica a través de medidas como restricciones a la inversión o incautaciones de propiedad intelectual. Aunque nunca se invocó explícitamente, su existencia indicaba la voluntad de Europa de intensificar la situación si era provocada.

La retirada de Trump y el poder de las amenazas creíbles

El cambio de tono del Secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, antes y después de las discusiones de Davos es revelador. Inicialmente desdeñoso ante la posible respuesta de Europa, Bessent luego suplicó a los líderes europeos que no intensificaran la situación, sugiriendo que las conversaciones entre bastidores habían hecho que la amenaza fuera creíble.

En última instancia, Trump presentó el resultado como una victoria, pero la realidad es una clara demostración de la capacidad de Europa para hacer frente a la presión estadounidense. El resultado probable será un acuerdo sobre seguridad en el Ártico, que permitirá a Trump proclamar su éxito y evitar una costosa confrontación.

El episodio de Groenlandia subraya que incluso en ausencia de una confrontación directa, una disuasión creíble puede ser muy eficaz para moldear el comportamiento internacional.