La tuberculosis está aumentando nuevamente en EE. UU.: una epidemia silenciosa

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La tuberculosis (TB), la enfermedad infecciosa más mortífera del mundo, ya no es una reliquia del pasado. Los casos están aumentando en los Estados Unidos, a pesar de ser prevenibles y curables. Brotes recientes, incluido uno en la escuela secundaria Archbishop Riordan en San Francisco, resaltan cómo esta enfermedad, históricamente asociada con la pobreza, está resurgiendo incluso en áreas ricas.

Una enfermedad del pasado, presente y futuro

Durante siglos, la tuberculosis fue un flagelo mundial. En el siglo XIX, mató a una de cada siete personas en Estados Unidos y Europa. Si bien los avances en saneamiento, nutrición y antibióticos redujeron drásticamente su prevalencia, la enfermedad no ha sido erradicada. Hoy en día, la tuberculosis sigue siendo la principal causa de muerte por una enfermedad infecciosa en todo el mundo, infectando a aproximadamente 10 millones de personas y matando a 1,5 millones cada año.

El resurgimiento de la tuberculosis en los países desarrollados no es accidental. Décadas de financiación insuficiente para la infraestructura de salud pública, combinadas con las perturbaciones causadas por la pandemia de COVID-19, han creado vulnerabilidades. Los retrasos en el diagnóstico, la escasez de medicamentos y el creciente desafío de que las infecciones latentes se activen contribuyen al problema.

La amenaza oculta: infecciones latentes

La mayoría de la población mundial (aproximadamente el 25%) es portadora de bacterias de tuberculosis latentes. Estos individuos no son contagiosos, pero sus infecciones pueden activarse si su sistema inmunológico se debilita. Esta es la razón por la que los brotes suelen aparecer inesperadamente en entornos aparentemente de bajo riesgo, como las escuelas.

El caso de la escuela secundaria Archbishop Riordan lo demuestra. Hasta el 24 de febrero, cuatro estudiantes tenían tuberculosis activa y se sospechaba que tres más. Más de 200 dieron positivo por infección latente. La política de la escuela, que permitía a estudiantes infectados pero no contagiosos ingresar al campus sin tratamiento obligatorio, ejemplifica un desafío más amplio: cómo equilibrar la salud pública con las libertades individuales.

Por qué es importante ahora

La tuberculosis es insidiosa. Síntomas como la tos crónica pueden diagnosticarse erróneamente durante meses, lo que permite que la enfermedad se propague. A diferencia de enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, la tuberculosis no provoca pánico inmediatamente, lo que la hace más difícil de controlar. Si no se trata, un caso activo puede infectar a otros 15 por año.

Los costos económicos son sustanciales. El tratamiento de un solo caso de tuberculosis resistente a los medicamentos en Estados Unidos puede superar los 150.000 dólares. La continua falta de financiación de programas de salud globales, como USAID, podría provocar millones de muertes más en todo el mundo, con efectos indirectos inevitables en el país.

Qué necesita cambiar

Detener la tuberculosis requiere una inversión sostenida en investigación, prevención y tratamiento. Nuevos diagnósticos, vacunas y medicamentos son vitales. Pero igualmente importante es restaurar y fortalecer la infraestructura de salud pública. Esto significa garantizar el acceso a pruebas, tratamientos y educación asequibles, particularmente para las poblaciones vulnerables, incluidas las personas sin hogar, encarceladas y aquellas con sistemas inmunológicos debilitados.

El tema del Día Mundial de la Tuberculosis de este año, “¡Sí! ¡Podemos acabar con la tuberculosis!”, es ambicioso pero no imposible. Prevenir la propagación de la enfermedad exige vigilancia, financiación y reconocimiento de que las amenazas a la salud mundial son amenazas locales. Ignorar esta realidad sólo garantizará que la tuberculosis continúe su resurgimiento silencioso.

En conclusión, la tuberculosis no es simplemente una enfermedad histórica; es una creciente crisis de salud pública que exige atención inmediata. Al invertir en investigación, fortalecer la infraestructura y priorizar la prevención, podemos evitar que este patógeno mortal gane terreno en los Estados Unidos y más allá.