Trump revive la iniciativa para anexar Groenlandia, lo que indica un cambio más amplio en la política exterior de Estados Unidos

8

El presidente Donald Trump busca una vez más la adquisición de Groenlandia, esta vez mediante el nombramiento del gobernador de Luisiana, Jeff Landry, como enviado especial encargado de poner el territorio bajo control estadounidense. Este renovado esfuerzo, lejos de ser una obsesión aleatoria, refleja una estrategia de política exterior más amplia y cada vez más asertiva, centrada en el dominio regional y el escepticismo hacia los aliados tradicionales.

El renovado impulso a favor de Groenlandia

El interés de Trump en Groenlandia se remonta a su primer mandato, pero acciones recientes sugieren un enfoque más calculado. El nombramiento de Landry, a pesar de su limitada experiencia en política exterior, indica la intención de la administración de aprovechar canales diplomáticos no convencionales. Como afirmó el propio Trump, la medida se enmarca como una cuestión de “protección nacional”, pero las motivaciones subyacentes revelan una ambición más profunda de remodelar el panorama geopolítico.

Los gobiernos danés y groenlandés rápidamente rechazaron la idea, citando el derecho internacional y la soberanía nacional. Sin embargo, la administración parece imperturbable y Trump discute abiertamente el posible uso de la fuerza si es necesario. Este desprecio por las normas establecidas pone de relieve la voluntad de desafiar el orden mundial actual.

Más allá de los minerales: una jugada estratégica

Si bien la explotación de recursos, en particular los minerales de tierras raras actualmente dominados por China, sigue siendo un factor, el impulso a Groenlandia se extiende más allá de los intereses económicos. La última Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de la administración enfatiza el “corolario Trump de la Doctrina Monroe”, con el objetivo de excluir a las potencias externas del hemisferio occidental.

Trump ha señalado repetidamente la presencia de buques rusos y chinos en el Ártico, calificando a Groenlandia como una necesidad estratégica. Sin embargo, la cuestión central no es simplemente el acceso al territorio; es control. La administración considera la gobernanza europea, incluso en naciones aparentemente aliadas como Dinamarca, como un impedimento potencial para el dominio estadounidense.

Una cosmovisión neorrealista

Según el politólogo Abraham Newman, las ambiciones territoriales de Trump reflejan una visión del mundo “neorrealista” que rechaza el principio de igualdad de soberanía entre las naciones. El objetivo no es la cooperación sino el dominio, afirmando la superioridad estadounidense sobre estados más pequeños o menos asertivos.

Esta mentalidad se extiende más allá de Groenlandia, con una retórica similar aplicada a Canadá y otros vecinos de Estados Unidos. La administración también ha mostrado desprecio por los gobiernos europeos, cuestionando su confiabilidad e incluso sugiriendo que no se les puede confiar armas nucleares.

Socavando la soberanía europea

El NSS pide explícitamente apoyar a los partidos de derecha en Europa y alentar a los países a debilitar los vínculos con la Unión Europea. Anexar Groenlandia, o al menos controlarla, encaja directamente en este patrón. Demuestra la voluntad de desmantelar las alianzas existentes y ejercer influencia directa sobre territorios estratégicamente importantes.

El nombramiento de Landry, un lealista sin experiencia significativa en política exterior, ejemplifica aún más este enfoque. La administración depende cada vez más de redes informales y conexiones personales en lugar de estructuras burocráticas tradicionales.

Una destilación de la política exterior de Trump

Aunque la perspectiva de anexar Groenlandia sigue siendo remota, la estrategia subyacente es clara: ampliar el control estadounidense, explotar recursos y socavar la influencia europea. Este esfuerzo refleja una visión coherente, aunque poco convencional, de la política exterior estadounidense bajo Trump.

Las acciones de la administración en Ucrania, Venezuela y otros lugares demuestran una voluntad de desdibujar las líneas entre los intereses comerciales y los objetivos de seguridad. En este contexto, el impulso a Groenlandia no es un caso atípico sino un elemento central de la agenda más amplia de Trump.