El legado perdurable de nueve palabras: cómo el teléfono transformó el mundo

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Hace ciento cincuenta años, el 10 de marzo de 1876, Alexander Graham Bell pronunció las primeras palabras inteligibles transmitidas por teléfono: “Señor Watson, venga aquí, quiero verlo”. Estas nueve palabras, dichas desde un laboratorio improvisado en Boston a su asistente Thomas Watson en la habitación contigua, marcaron el comienzo de una revolución en la comunicación que continúa remodelando la conexión humana en la actualidad.

De la curiosidad del laboratorio a la utilidad global

La adopción del teléfono fue notablemente rápida. En cuestión de décadas, pasó de ser una demostración novedosa en la Exposición del Centenario de 1876 (donde el emperador de Brasil, Dom Pedro II, exclamó: “¡Dios mío, habla!”) a una presencia casi omnipresente en los hogares estadounidenses. En 1900, se utilizaban más de 1,4 millones de teléfonos en todo Estados Unidos y, en 1970, más del 90% de los hogares tenían acceso. Su impacto no fue simplemente conveniencia; era esencial para la sociedad. Durante la pandemia de gripe de 1918, las líneas telefónicas en la ciudad de Nueva York aumentaron a 3,2 millones de llamadas diarias, sirviendo como salvavidas para que los residentes en cuarentena accedieran a alimentos, asesoramiento médico y contacto social vital. Incluso el aprendizaje remoto temprano tomó forma cuando decenas de miles de estudiantes de Los Ángeles recibieron instrucción por teléfono durante el cierre de escuelas.

Lo sorprendente es el poco pánico tecnológico que acompañó a esta agitación; el teléfono era demasiado útil como para temerlo. No se puede decir lo mismo de otras tecnologías transformadoras como el automóvil.

La revolución móvil: reducir la brecha digital

El capítulo más significativo en la historia del teléfono se desarrolló cuando se volvió móvil y llegó a poblaciones previamente excluidas del mundo cableado. En el año 2000, el África subsahariana tenía menos líneas telefónicas que Manhattan; El sur de Asia no fue mucho mejor. Sin embargo, el crecimiento explosivo de las suscripciones móviles lo cambió todo. África subsahariana saltó de 2 conexiones móviles por cada 100 personas en 2000 a 89 en 2023. Asia meridional le siguió de cerca, pasando de menos de 1 a 84. Hoy en día, hay más de 9 mil millones de suscripciones móviles en todo el mundo, más que el número de seres humanos en la Tierra. El mundo en desarrollo se saltó por completo la era de las líneas fijas y pasó directamente a la tecnología móvil.

Más allá de la conectividad: empoderamiento económico

Estos teléfonos no eran sólo para llamadas; se convirtieron en salvavidas económicos. El lanzamiento de M-Pesa en Kenia en 2007 lo demostró perfectamente. M-Pesa permitió a los usuarios enviar dinero, pagar facturas y ahorrar a través de teléfonos móviles básicos sin necesidad de cuentas bancarias. Un estudio de Science de 2016 reveló que M-Pesa sacó a unos 194.000 hogares kenianos de la pobreza extrema, con un impacto desproporcionadamente positivo en los hogares encabezados por mujeres. Las plataformas de dinero móvil ahora manejan 1,68 billones de dólares en transacciones anuales, con más de 2 mil millones de cuentas registradas.

El impacto se extiende más allá de la inclusión financiera. Estudios realizados en Kerala, India, demostraron que los teléfonos móviles permitían a los pescadores comprobar los precios del mercado antes de desembarcar su captura, reduciendo el desperdicio del 8% a casi cero y aumentando las ganancias en un 8%. El Banco Mundial estima que ampliar la cobertura móvil a regiones que no la tienen puede aumentar el crecimiento del PIB entre 1,8 y 2,3 puntos porcentuales.

La espada de doble filo de los teléfonos inteligentes

Sin embargo, el auge de los teléfonos inteligentes introdujo una nueva capa de complejidad. Si bien es innegable que la tecnología móvil ha empoderado a miles de millones, han surgido preocupaciones sobre sus efectos en la salud mental, particularmente entre los jóvenes. Las investigaciones sugieren una correlación entre el mayor uso de teléfonos inteligentes y las crecientes tasas de depresión y ansiedad en los adolescentes. La naturaleza adictiva de los algoritmos y las plataformas de redes sociales ha creado lo que algunos llaman una “infancia basada en el teléfono” que puede ser perjudicial.

Sin embargo, es fundamental recordar que los beneficios de la tecnología móvil superan los daños, especialmente para quienes carecen de acceso a otras formas de desarrollo. Para 885 millones de mujeres en países de ingresos bajos y medianos que no tienen Internet móvil, cerrar esta brecha podría agregar 1,3 billones de dólares al PIB mundial para 2030.

Una revolución duradera

Alexander Graham Bell no podría haber previsto la magnitud del impacto de su invento. Quizás hubiera preferido “¡Ahoy!” como saludo estándar, pero el verdadero legado de su trabajo es mucho mayor que un simple saludo. El teléfono, en sus diversas formas, ha conectado a miles de millones, sacó a millones de la pobreza, salvó vidas y abrió oportunidades económicas en una escala inimaginable en 1876. Las nueve palabras que lanzaron esta revolución continúan resonando hoy, sirviendo como testimonio del poder duradero de la conexión humana.