Cómo las fallas de seguridad de IoT ponen en riesgo su hogar inteligente

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Televisores inteligentes. Coches conectados. Rastreadores de actividad física que conocen tu frecuencia cardíaca antes que tú. Internet ya no está solo en tu computadora portátil. Está en todas partes. Y trae consigo enormes cantidades de datos, además de una capa de riesgo completamente nueva.

A las empresas les encantan los datos. Los delincuentes aman los datos aún más.

Entonces, ¿más tráfico conectado significa más ciberdelincuencia? La respuesta corta es sí. La respuesta larga implica que su termostato inteligente sea pirateado.

Por qué los dispositivos IoT son objetivos fáciles

La tendencia hacia el Internet de las cosas (IoT) no se está desacelerando. Para 2016, el crecimiento ya era evidente. Podrías controlar tu televisor, tu calefacción y posiblemente tu vida desde un teléfono inteligente. Se sintió mágico. Se sintió conveniente.

No se sintió peligroso.

La mayoría de estos dispositivos se crearon con un objetivo: la experiencia del usuario. Los desarrolladores querían funciones. Querían novedad. Querían que pensaras que era genial atenuar las luces con una aplicación. ¿Seguridad? Esa no era la prioridad. Si había un problema de seguridad, quedó enterrado bajo el revuelo publicitario de la funcionalidad “inteligente”.

Esto no es del todo injusto. Hace unos años, la idea de que un hacker se apoderara de un coche o de un radiador sonaba a mala ciencia ficción. ¿Quién intentaría piratear un sistema de calefacción? ¿A quién le importaría?

“Posiblemente comprensible. Hasta que ya no lo sea”.

Pero a los delincuentes no les importa si su objetivo es aburrido. Les importa si está conectado. Y ahora mismo casi todo lo es.

El costo oculto de la conveniencia

Aquí está el problema de priorizar la facilidad de uso sobre la seguridad. Cuando compras un dispositivo inteligente, normalmente estás entregando el control a una empresa que quizás no tenga un equipo de seguridad sólido. Estás confiando tus datos de salud a una pulsera de fitness. Estás confiando en un televisor inteligente tus hábitos de visualización.

Y cuando esos dispositivos carecen de protocolos de seguridad adecuados, se convierten en puntos de entrada. No sólo para el dispositivo en sí, sino para toda su red. Un eslabón débil de la cadena puede comprometerlo todo.

Entonces, ¿por qué te importa esto?

Porque los ciberdelincuentes buscan el camino de menor resistencia. Es posible que su firewall sea sólido. Es posible que su computadora esté actualizada. ¿Pero esa bombilla inteligente en tu pasillo? Es posible que todavía se esté ejecutando con una contraseña que nunca cambiaste.

¿Qué sigue para la seguridad de IoT?

El crecimiento del IoT no se detiene. En todo caso, se está acelerando. Cada nuevo dispositivo añade otra vulnerabilidad potencial. La pregunta no es si su hogar inteligente será el objetivo. La pregunta es cuándo.

Y hasta que los fabricantes comiencen a tratar la seguridad como una característica central en lugar de una idea de último momento, estará jugando a la ruleta rusa con sus datos.

¿Vale la pena la comodidad? Tal vez. Pero debes saber lo que estás arriesgando.

El agujero de seguridad de IoT en 2016

Solía sonar a ciencia ficción. Frenos pirateados. Sistemas de calefacción por control remoto. Ya no.

Para 2016, esta es la realidad. Los titulares ya aparecían con historias de coches a los que se les había arrebatado el sistema de frenos desde el exterior. Eso fue sólo el comienzo. Los expertos predijeron que Internet de las cosas (IoT) se convertiría en el principal punto de entrada para los ciberataques. ¿Por qué? Porque estos dispositivos conectados suelen tener una seguridad casi nula.

Piensa en tu termostato inteligente o tu frigorífico conectado. Son eslabones débiles. Un hacker no necesita entrar en su computadora principal. Solo necesitan deslizarse a través del dispositivo IoT barato y mal seguro que se encuentra en su sala de estar. Una vez dentro, tienen acceso al resto de su red.

El Wi-Fi público es otra puerta abierta. ¿Redes gratuitas en estaciones de tren, aeropuertos y centros comerciales? Generalmente desprotegido. Un coto de caza perfecto para los ciberdelincuentes.

Lo que realmente quieren los hackers

El objetivo cambia. Ya no se trata sólo de fallas en los sistemas. Se trata de datos. La información es el nuevo oro.

Mire las infracciones en Deutsche Telekom y Adobe. ¿Por qué esas empresas? Porque contienen datos del usuario. Esos datos son la base para delitos más rentables. Fraude con tarjetas de crédito. Robo de identidad.

Los piratas informáticos no quieren simplemente decir “Yo estuve aquí”. Quieren quitarte lo que es tuyo. Tu identidad. Tus datos financieros. La explosión de IoT en 2016 significó que quedaron más puertas abiertas. Más lugares para que puedan entrar.

Los datos son el activo más valioso del mundo digital.

Esto cambia el riesgo. Ya no son sólo los profesionales de TI los que se preocupan por las granjas de servidores. Son los usuarios cotidianos. Con más dispositivos conectados a Internet, la superficie de ataque crece. Cada bombilla conectada, cada altavoz inteligente, cada coche con conexión a una aplicación es un potencial punto débil.

La pregunta no es si apuntarán a estos dispositivos. Es cuando. Y en 2016, la respuesta fue: ya.